Qué es y por qué todos quieren adoptar la agilidad

Las metodologías ágiles están en la boca de profesionales y empresarios cada vez con más frecuencia. Este conjunto de prácticas que permite adaptar el modo de trabajo a las condiciones de cada proyecto, ha revolucionado entornos laborales a lo largo y ancho del mundo, todo en pos de la optimización y la eficiencia

Con la carrera acelerada de las tecnologías, los profesionales y empresas han tenido que prepararse para responder a entornos que cambian a gran velocidad. Y es así como las metodologías ágiles han venido a servir a las compañías que buscan mantener su competitividad.

Y es que ser adaptativo va más allá de saber improvisar, requiere de dominar una estructura de trabajo que permita mantener los estándares de calidad mientras gestiona modificaciones en el plan de acción.

Entonces, ¿de qué se trata la agilidad?

Es un conjunto de métodos de gestión orientados a permitir la adaptación de las formas de trabajo a las naturalezas del contexto y del proyecto en particular.

Parte desde un principio de flexibilidad para aportar inmediatez y eficiencia al producto, teniendo siempre en cuenta los requerimientos del cliente y del mercado. En general, el resultado final supone un coste menor de producción.

Se trata, más que nada, de una filosofía de trabajo colaborativo que divide los proyectos en partes con plazos cortos de ejecución, organizando tareas que se suceden de manera dinámica y en equipos multidisciplinarios.

Una cultura que piensa en los individuos

“Ésta cultura vino a recordarnos que trabajamos con personas y para personas”. Camila Bolaños, quien es ingeniera informática, especialista en metodologías ágiles y relatora de ACL Academy, explica que –más allá de adaptarse al entorno- una de las principales características de las metodologías ágiles es que toman en cuenta a las personas para entregar valor.

Y ese valor depende del cliente; es su percepción de valor la que lo definirá para la empresa. Al menos así lo explica Alejandro Bedini, ingeniero en computación con Magíster en Desarrollo de Software.

“La agilidad, para mí, tiene 3 ejes fundamentales. El cambio de mindset, definir el valor que exigen nuestros clientes y comprometer en el proceso a trabajadores y colaboradores”.

Origen y aplicación

Si bien su puesta en práctica empezó en los años 90 en el área de la tecnología, fue en el 2001 cuando un grupo de CEO’s de las principales desarrolladoras de software se reunieron y crearon el Manifiesto Ágil: “Un modelo de mejora continua en el que se planifica, se crea, se comprueba el resultado y se mejora. Algo que es constante y rápido, con plazos de entregas reducidos que buscan evitar la dispersión y centrar toda la atención en una tarea encomendada”.

Esto dio una alternativa a las formas tradicionales de trabajo, mucho más estructuradas y, por ende, menos permeables al cambio. En contraste, la agilidad permite a las empresas innovar en el desarrollo de productos, en sus procesos y también en su modelo de negocios, gracias al aporte de esta metodología en el diseño estratégico y las operaciones de la organización.

En concreto, ¿para qué sirven?

Alejandro Bedini cree que la mayoría de las empresas se acerca a las metodologías ágiles atraídas por sus aportes en términos de sumar rapidez a los procesos. “Pero ese no es su foco principal. El foco principal es cómo nos adaptamos al cambio, sin importar qué marco de trabajo o qué método utilicemos para hacerlo”. Entonces, algunos de sus principales aportes son:

  • Mejora la calidad. En general, se minimizan los errores, ya que se aplican correcciones en cada parte del proceso, por lo que mejora la funcionalidad del producto o servicio para el cliente.
  • Aumenta el compromiso y la satisfacción. Al promover esta cultura de trabajo entre los miembros de la organización y los colaboradores, hay una participación más activa y mayor identificación de parte de los empleados con los valores de la empresa.
  • Se alcanza más rapidez. Al acortar los ciclos de producción se minimizan los tiempos de reacción y, por ende, las decisiones son más oportunas, generando correcciones inmediatas.
  • Aumenta de la productividad. Al asignar los recursos, según las prioridades de la empresa, mejora la producción.
  • Reducción de costos. Esto sucede gracias a la eliminación de desperdicio, lo cual refiere tanto a recursos como a procesos y tiempos.
 
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